
El ser humano permanentemente se debate entre su escucha interior y el mundo exterior. Vivimos hoy un mundo donde la estimulación externa pone en riesgo nuestra libertad de escucha y de elección, y amenaza con aniquilar nuestra sensibilidad.
La práctica de la meditación apunta a unir la mente a la escucha del cuerpo, para permitirnos sentir que en nuestro interior hay vida. Nos muestra que allí hay un mundo inexplorado, lleno de potencialidades, esperando que emprendamos la aventura de descubrirlo e integrarlo a nuestra conciencia.
Partiendo del aquietamiento de la mente, la meditación nos lleva a un espacio interior de calma y armonía. Joseph Campbell describe este fenómeno comparándolo con lo que ocurre con las imágenes reflejadas en un estanque: cuando el agua está en movimiento, las imágenes se reflejan quebradas. Pero cuando las aguas se aquietan y se aclaran todos los sedimentos, las formas reflejadas se ven perfectamente. Y lo mismo sucede cuando la mente se aquieta. En esta serenidad, sin distracciones ni condicionamientos externos, podemos escucharnos desde un lugar desconocido, entrar en contacto con las emociones y ordenar los deseos.
Aquí se produce el auténtico encuentro con uno mismo, que no es otra cosa que estar en el presente; es tomar conciencia plena de lo que estamos sintiendo en este aquí y ahora, aceptando y sosteniendo lo que este momento nos trae, en la convicción de que, sea lo que sea, es algo que debe ser vivido. Es como si nos apropiáramos de lo que nos ocurre y del efecto que produce en nosotros. Entonces dejamos de vivirlo como algo impuesto desde afuera, y dejamos de resistirlo. Esto es fuente de una gran tranquilidad.
Así, aprendiendo a rescatar y revalorizar lo vivido como expresión del camino de vida de cada uno, vamos logrando una mayor compasión y comprensión de nuestros procesos, avanzamos en nuestra auto-afirmación y ganamos fe en nosotros mismos. Mediante la práctica sostenida de la meditación, comenzamos a vivir con mayor claridad y centración, y vamos logrando una mayor coherencia entre las palabras y los hechos, entre la escucha y el acto, entre el tiempo interno y la acción.
En síntesis, la escucha interior que promueve la meditación ha probado ser una herramienta sumamente eficaz para sostener el proceso curativo: permite al paciente tomar conciencia del proceso, aceptar y valorar su experiencia, y resolver la tensión entre el mundo interno y el externo. Sobre la base de una reconciliación progresiva, le permite avanzar hacia la integración, comenzar un acercamiento al Sí-Mismo y desarrollar su proceso de individuación.
"La meditación purifica la mente ordinaria,
desenmascarando sus hábitos e ilusiones.
Son muchas las voces que luchan en nuestra vida interior;
nos encontramos dispersos en todas direcciones.
La meditación lleva la mente a casa."
Sogyal Rimpoché, El libro tibetano de la vida y de la muerte

No hay comentarios:
Publicar un comentario