Desde ayer hasta hoy me dediqué a cuidar a este pajarito, lo llamé Ito rememorando un cuento muy lindo que leí alguna vez sobre un pajarito que no podía volar. Ito era el más lento en aprender a volar, su hermano pajarito aprendió rápidamente y revoloteaba el damasco de mi patio junto con su mamá pajarita, ambos emitían lindos sonidos con el fin de animar a Ito en la práctica del vuelo, mientras yo me deleitaba escuchándolos observaba a Ito quien se sentía cansado y desperanzado, porque trataba y trataba y no lograba volar, sólo lograba dar saltitos y revolotear bajito emitiendo sonidos que expresaban cuánto le estaba costando y que aún seguía intentándolo. Sin embargo parecía asustado, me daba la impresión de que algo le había pasado, no sé si había sido una caída o algún susto que le hayan dado mi perra o mi gata, entonces decidí lentamente irme acercando mientras le conversaba y lo abrazaba con mi voz para que no me tuviera miedo, fue así como despacito logré recogerlo del suelo y colocarlo en su nido, pero creo que todo ese movimiento que hice al desplazarme lo atemorizó demasiado, porque apenas lo solté dentro del nido, él se tiró nido abajo hasta llegar al lugar donde había estado antes de tomarlo y mientras hizo eso gritaba socorro a su mamá pajarita. Fue así entonces como decidí no molestarlo más y dejarlo tranquilo, quería que descansara y se calmara. Entonces me fuí a mi pieza y le pedí al cosmos que lo cuidara, para que así hoy día pudiera seguir practicando para poder unirse al vuelo, junto a quienes lo animaban desde lo alto del damasco y del mancaqui.
Hoy mientras me preparaba el desayuno de pronto sentí que los pajaritos cantaban muy fuerte, así como desesperados entonces me asusté y pensé altiro en el Ito, miré por la ventana de la cocina hacia el patio y ví cómo mi gata llevaba al Ito en su ocico y se dirigía hacía el techo para irse a asomar por la ventana de mi pieza, por lo que corrí desesperada a cerrar mi ventana porque no quería ver nada triste en mi pieza, pero mientras cerraba la ventana ví cómo mi gata bajaba del techo y saltaba a mi ventana con el Ito en su ocico, me dio mucha pena y desesperación porque ví cómo el Ito me gritaba con su piquito bien abierto y chilleando, para que lo rescatara. Atiné a salir al jardín para quitarle al Ito a mi gata y no podía hacerlo porque una reja me lo impedía, le gritaba a mi gata que lo soltara, que no fuera mala, que el Ito era mi pajarito, pero de pronto ví que el Ito estaba tirado en el pasto de lado y que no se movía, ni mostraba signos de respirar, debió haber sido el espanto de tal susto y yo me desesperé queriendo agarrar a mi gata y patearla lejos, porque no tenía derecho de hacerle eso a mi pajarito y de pronto aparece mi mamá por la ventana de mi pieza gritándole a mi gata que lo soltara, mientras tiraba una botella chica de agua mineral que estaba en mi repisa, para así poder espantar a mi gata y por suerte lo logró, porque mi gata se alejó del Ito y el Ito se fue a esconder detrás del helecho y el manto de eva. Entonces corrí a buscarlo y lo tomé en mis manos aferrándolo a mi cuerpo, mientras le hacía cariño en su cabecita y en su cuellito, caminé lentamente hacia el patio trasero y le hablaba al Ito para que se calmara, le dí calor con mis manos y lo abracé cálidamente con las palmas de mis manos, para dejarlo en su nido y él esta vez accedió a quedarse en él, lo convenimos así porque era el lugar más seguro y antes del suceso trágico el Ito había estado en el suelo durmiendo. Así que lo dejé ahí y me quedé observándolo unos minutos, notando cómo poco a poco su respiración se iba calmando y la mía también. Mientras observaba al Ito escuchaba cómo la mamá pajarita lo buscaba desesperada revoloteando entre el damasco y el mancaqui, porque ella vió y escuchó todo cuando al Ito se lo llevaba mi gata mala. Me daba tanta pena el Ito, porque él no podía hacer nada para defenderse y me acordé de Darwin, odiando su idea de la conservación de la especie porque me pareció injusto que sólo el más fuerte sobreviviera. Con esta sensación me fuí esta mañana a la universidad, triste, tan triste que no dejaba de pensar en el Ito y deseaba que estuviera bien. Más tarde llamaría para saber cómo estaba y si seguía en el nido donde los rayos del sol se preocuparon de darle tranquilidad y abrigo. Y cuando llamé, me enteré de que el Ito ya no estaba en el nido y que tampoco se veía en ningún lugar del patio, espero que no me hayan mentido. Lo único que pensé en el día después de saber que el Ito ya no estaba, era que quería llegar a mi casa e ir al patio para ver si el Ito había vuelto a su nido y así lo hice, pero constaté que realmente el Ito ya no estaba y que tampoco estaban la mamá pajarita ni el hermano pajarito revoloteando ni cantando entre el mancaqui y el damasco, esto me dio esperanzas de pensar que se habían marchado volando con el Ito y que tras el susto de la mañana el Ito se había armado de valor para aprender a volar y que así lo había hecho, que había practicado toda la mañana hasta que logró volar y partió su vuelo con su familia pajarística. En verdad eso es lo que espero y deseo con todas mis fuerzas, porque sería tan lindo que el Ito le haya torcido la mano a Darwin y viniera a visitarme de vez en cuando con sus lindos cantos por mi ventana, en las mañanas cuando el sol nos cubre con sus rayos y así el Ito me cubriría a mí de orgullo por su fortaleza.
De verdad que nunca lo olvidaré, porque tampoco he olvidado al primer pajarito que se cruzó por mi ventana cuando yo era pequeña y miraba la cordillera desde el segundo piso de mi casa, ni podré dejar de conectarme con los pajaritos por su canto y su vuelo, como jamás olvidaré cómo el Ito me miró con sus ojos grandes y negros cuando yo lo abrazaba contra mi cuerpo sosteniéndolo con mis manos, y me agradecía por haberlo cuidado y salvado.