martes, 30 de septiembre de 2008

Llaves del alma

Extractos de una entrevista de Javier Esteban a Alejandro Jodorowsky
¿Es necesaria la ebriedad para soportar la vida?

Emborracharse produce una gran alegría emocional, pero el alcoholismo es horrible. Puede ocurrir que bebamos de manera esporádica como escape o diversión, pero no es necesario. Pienso que la gente inteligente tiene que abrir las puertas de la percepción, pero no hace falta que lo haga como lo hizo Timothy Leary, que convirtió su mundo en ebriedad, se hizo adicto y murió drogado, sin ser él mismo.

Una cosa es romper con tus propios límites y otra, evadirte. No recomiendo a nadie que se evada, no hago apología de esa ebriedad escapista. Ni siquiera recomiendo la marihuana, porque es un prozac generoso, un calmante, pero no es bueno estar sedado todo el día.

¿Y tomar hongos alguna vez en la vida?

Eso es distinto. La experiencia que produce te acerca a la metafísica y a la mística. Cuando se fuma marihuana por primera vez, también se abren los sentidos: enseña a comer bien, a oler bien, a sentir bien la música. Pero basta una o dos veces para aprender. Si no, acaba creando un ejército de necios sensuales y perezosos que se sienten genios, así como el alcoholismo acaba volviendo a la gente violenta, y en esto de poco sirve.

¿Habría llegado usted a ser como es sin haber tomado sustancias alucinógenas?

Yo no he llegado a nada. ¿A dónde he llegado? (Se levanta y gira sobre sí mismo.) No se llega. En mi caso necesité tomarlas en un momento dado, hacia los 40 años, cuando iba a hacer La montaña sagrada y tenía que interpretar a un maestro. Necesitaba saber cómo era la mente de un sabio. Yo no tenía esa mentalidad, y percibía mis límites. Entonces contraté a un gurú. Óscar Ichazo, que fue uno de los creadores de la moda del eneagrama y el maestro de Claudio Naranjo. Le pagué diecisiete mil dólares para que me diera un LSD y me guiara. Era un ácido puro, un polvo que disolvió en un zumo de naranja. Una hora más tarde me dio un cigarro de marihuana. La primera toma duró ocho horas, pasado un tiempo volvimos a tomar. Fueron dos sesiones en las que aprendí mucho y rompí mis propios límites. Yo creo que estas experiencias no deben hacerse por espíritu festivo, tampoco solo ni en compañía de alguien que no haya alcanzado un alto nivel de conciencia. Puede ocurrir que durante la toma veas a esa gente como demonios.

Ésta es la explicación de por qué tomé ese tipo de drogas. La consecuencia es que me abrió la mente y me sirvió para demostrarme hasta dónde podía llegar. Gurdjieff decía que las drogas son para eso: tú estás en el sótano de un edificio y la droga te hace subir a la terraza de golpe. Estás en el garage y te hace saltar cincuenta pisos. Ves todo el horizonte, toda la ciudad, y cuando vuelves, te das cuenta de que para llegar de nuevo arriba tienes que trepar todos los pisos tú solo, sin drogas.
Como en el mito de la caverna pero pudiendo otear más allá.

Sí, pero en este caso trepando por tu propio esfuerzo, sin LSD. Se trata de llegar a ver sin drogas, y se puede hacer. De otro modo no sirve.

En Occidente carecemos de un marco de referencia o de una cultura de usos para la toma de esas sustancias. Por ejemplo, los hongos aquí se consumen de los modos más brutales, en fiestas, sin referencia ni finalidad. A usted se los proporcionó María Sabina, la chamana...

Me los mandó a través de una persona llamada Francisco Fierro, que era su asistente. El sabía cuánto había qué tomar, cómo vomitar, qué hacer durante la toma y todo eso. Esa experiencia puede resultar un ritual muy sabio si prescindimos de inyectarle dioses. Porque eres tú quien tiene que hacer el viaje, sin dejarte teledirigir desde fuera ni que te impongan arquetipos; entre otras cosas, porque tus arquetipos están dentro de ti y tu viaje es tuyo.

Muchos practican cultos sincréticos con la ayahuasca, como con otras drogas.

La ayahiasca no tiene por qué ser mezclada con santerías y cosas de este tipo, como ninguna otra droga. La ayahuasca hay que tomarla tranquilamente, sin ritos, y guiada por alguien que la conozca, como todas las drogas psicodélicas.

Quiere decir que las sustancias hay que tomarlas con alguien que las conozca, pero que no proyecte una forma de cultura religiosa o su interés o historia personal sobre los demás...

Efectivamente, con alguien que haya desarrollado su espiritualidad y que actúe como guía, pero sin imponerte sus conceptos durante la experiencia. Que cuando tengas angustia te muestre el camino de salida. Yo estaba con Óscar Ichazo tomando y, de pronto, sonó el teléfono. Estaba en pleno viaje, y me dijo: “Contesta”. “¿Pero cómo?”, le pregunté. “Tú puedes estar en dos mundos”, contestó. Cogí el teléfono, hablé normalmente y seguí con la toma. Ése es un buen guía.

Pude y cualquier persona puede estar en dos mundos: uno que se llama real y el otro. Ésa es una gran lección que sólo puede dar un maestro. Esto es sólo un ejemplo de lo que podemos aprender en un viaje.

O sea que la sustancia le abrió al conocimiento...

Para mí fue un gran paso. Recomiendo hacerlo al menos una vez y de una manera guiada. Yo observé que mi mujer, Marianne, tenía límites espirituales a pesar de hablar seis idiomas, ser joven y universitaria, precisamente por haber recibido una educación francesa racionalista. Quería seguir el camino del tarot y le dije que no se podía quedar presa en esa cárcel de lo racional y que necesitaba una experiencia psicodélica. Entonces la acompañé a Holanda. Arrendé un cuarto cuya ventana daba al cielo y a las dos o tres de la mañana le hice comer unos hongos para que el efecto llegara hasta la luz del amanecer. La guié. Le fui marcando el camino y resultó ser una experiencia decisiva en su vida. Si yo hubiera aprovechado que estaba en un viaje y la hubiera seducido, ella habría perdido todo el beneficio de aquella experiencia.

Incluso la marihuana debería ser tomada como algo iniciático, como el alcohol en las fiestas báquicas. El ágape forma parte de esa cultura que hemos perdido.

¿Qué extraño mecanismo de la conciencia puede hacer que esas substancias rompan límites?

Estamos acostumbrados a vivir en un mundo lineal, en una arquitectura cúbica y racional, y por eso estamos obligados en un momento dado a romper las limitaciones. Muchas veces no podemos hacerlo, precisamente porque estamos presos en la mente. Por eso tenemos que realizar una experiencia en que nuestros mecanismos de percepción salten con el fin de conocer otros mundos.

Los chamanes eran gente primitiva; pero ahora somos nosotros los que queremos tomar hongos a nuestro aire, no con sus ritos. Yo no voy a tomar nada con un chamán, a la antigua. ¿Para qué? ¿Para que tomando ayahuasca se pongan a cantar a la Virgen María o a la serpiente? ¿Qué me importa todo eso? Algunos seguidores de la terapia gestalt ponían discos de Wagner para tomar ketamina. ¡No por favor!

Cuando tomas sustancias debes estar en la naturaleza, esperando que llegue la luz del día, con la menor interferencia posible. Basta con un maestro que te diga por aquí y por allá. Y con una o dos tomas es suficiente para que el cerebro se te abra bien para toda la vida.
En realidad no se trata de drogas. Una experiencia de hongos no es como consumir drogas. Yo tenía un frasco con un polvo de hongo y decidí dárselo a unos seres queridos porque pensé que era mejor dárselo yo a que se lo diera cualquier imbécil con la excusa de montar una fiesta y hacer tonterías.

Imagino que estas sustancias son sagradas para usted.

Un momento, no caigamos en la trampa del concepto “sagrado”. Todo puede ser sagrado para un santo, hasta un excremento de perro. Y para un ciudadano normal nada es “sagrado” sino quizá “útil. Hay que decir que estas experiencias cambian de función y de resultado según los niveles de conciencia que tenga quien los tas toma. Las sustancias psicodélicas fueron, en primer lugar, tomadas por los chamanes, que tenían un nivel de conciencia superior a la tribu. Mi tesis es que son recomendables sólo para gente que tenga un alto nivel de conciencia. Hay gente con un nivel de conciencia casi animal que puede perderse o acentuar su tendencia enfermiza con las sustancias.

Hay que tener mucho cuidado, no sólo a la hora de ver a quién se las das, sino para decidir con quién las tomas. Tengo una frase que puede resumir bien esta situación: “No sé dónde voy, pero sé con quién voy”. No se debe tomar este camino con personas que son incapaces de absorber la vivencia, porque te intentarán arrastrar y sacar de tu viaje. Da drogas a los soldados y los convertirás en asesinos. Da drogas a un santo y podrá hacer obras magníficas. Mucho cuidado con eso. No pensemos, como pretendían algunos, que al echar LSD en las fuentes de una ciudad vas a mejorar a la sociedad. Eso sería un peligro público.

Por ejemplo, la ayahuasca ha caído en manos de gente con mentalidad romántico-infantil y la ha convertido en religión. Grave error. Los grados de conciencia bajos, de manera sistemática, malgastan estas energías. Pero está claro que en un momento dado, cuando se accede a una formación social racional, como la que nos imparten, es necesario que la gente que tiene responsabilidades tenga una experiencia para que sepa qué hay más allá de lo racional.

Pero habrá gente que no la necesite...

Claro. En este momento yo no las necesito. Es como estar dentro de los sueños y ya lo estoy. ¿Qué gano con ver alucinaciones y cosas que ya conozco? La experiencia es hermosa, de acuerdo, pero ¿qué voy a encontrar allí? Es útil cuando sientes que tienes un límite y tomas para que te ayude a superarlo. La persona con bajo nivel de conciencia se asusta si descubre que tiene un límite, se enoja y llora al saberlo. La persona con un nivel más alto de conciencia lo único que desea es que le digan dónde están sus límites para poder vencerlos, y lo agradece porque podrá mejorar. La gente con bajo nivel de conciencia anda buscando que alguien le confirme sus valores, pero la gente con alto nivel de conciencia lo que busca es que alguien le marque sus defectos para superarlos.

"Las llaves del alma" De Lecciones para mutantes, en Psicomagia, Alejandro Jodorowsky, Ed. Siruela, 2004.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

La Doctrina del Shock / Naomi Klein



La nueva doctrina económica imperante no es una casualidad es un plan del que debemos estar conscientes, es deber civil y es asunto de vida.

Esto es periodismo de verdad y no trivialidades de televisión.

LA INFORMACIÓN ES LA RESISTENCIA AL SHOCK

¡ÁRMATE!

lunes, 22 de septiembre de 2008

Zeitgeist - La verdad no contada



Zeitgeist es un término acuñado durante el siglo XIX, principalmente por Hegel. Este término busca designar un Espíritu (Geist) regulador de los tiempos (Zeit); en otras palabras, Zeitgeist es la metáfora que designa al armazón de costumbres y creencias que dan forma a la cultura universal.

Zeitgeist es un documental estadounidense sin ánimo de lucro (2007), producido por Peter Joseph con difusión por Internet (mediante Google Video), que trata sobre los mitos que sostienen al mundo post-moderno, y sobre todo a los Estados Unidos. El documental repasa y demuele sin piedad a la religión judeo-cristiana, a los atentados del 11 de Septiembre del 2001, a los bancos y a los hombres que gobiernan tras los gobiernos.


"Te están mintiendo. Todos te mienten. El sistema está diseñado para engañarnos."

jueves, 11 de septiembre de 2008

Respirar la vida

Nuestro sistema de educación nos enseña muchas cosas que nos permiten desenvolvernos en diversos aspectos complejos del vivir. Sin embargo, olvida lo simple, aquello sin lo cual no existimos y que incide directamente sobre nuestra calidad de vida. Conocimientos básicos a los que Occidente no da importancia, o los trata como cosas automáticas que, por lo mismo, no revelan su inmensa riqueza, sus posibilidades y efectos físicos y psíquicos.

No dar importancia a actos básicos, como respirar, comer o caminar, no prestarles atención ni otorgarles valor, ha empobrecido y desencantado nuestras vidas. Pero hay culturas de las cuales podemos aprender e incorporar vastas tradiciones al respecto y, de este modo, obtener herramientas para vivir con mayor y mejor calidad.

Así, la tradición hindú ha hecho del acto de respirar una ciencia: el "pranayama", en que se entiende que la profundidad, el ritmo, las fases de la respiración producen efectos sobre el ser humano integral. La respiración es utilizada para tranquilizarse, activarse, concentrarse, armonizarse. Y se la entiende como un acto que va mucho más allá de la toma de oxígeno y expulsión de anhídrido carbónico, puesto que al respirar integramos una energía vital -el prana-, que se distribuye por todo el sistema físico, nutriendo y vitalizando el cuerpo y la mente. De aquí que muchas enfermedades físicas y psíquicas encuentren su origen en una mala respiración. De acuerdo con este conocimiento, trabajado a través de milenios, los efectos inmediatos de una respiración deficiente son irritabilidad, cansancio y estrés, puesto que el respirar afecta directamente al sistema al sistema nervioso.

Una respiración completa considera cuatro etapas: inhalación, retención, exhalación y vacío; así se produce el llenado completo de los pulmones. Invito a las personas que están leyendo estas líneas a observar cómo están respirando en este momento. Y a integrar una práctica de respiraciones en la mañana, antes de empezar el día. Si estas se acompañan de visualizaciones positivas y/o de movimientos, pueden constituir una fuente importante de salud y armonía. ¿Se imaginan qué ocurriría si una persona con depresión, además de recetarle fármacos en una actitud que la deja impotente respecto de su propia recuperación, le enseñáramos a hacer respiraciones profundas que le alivien sus estados de angustia?, ¿Qué pasaría si a los niños les enseñáramos a manejar el dolor, a los enfermos a energetizar los órganos dañados, a las personas estresadas a tranquilizarse y a las desvitalizadas a estar más energéticas con el simple hecho de adiestrarlos en la mecánica de la respiración?. Ciertamente sería importante que la educación entregara esta herramienta básica para vivir mejor.

Mucho se han estudiado las cuatro fases del respirar y su relación con la actividad psicológica. Al inhalar, estamos incorporando al mundo, siendo receptivos y dejándonos penetrar, en este caso, por el aire. Pero en la psiquis, lo que inhalamos son ideas, los modos de ver y sentir de otros, el medio que nos rodea. Al retener la respiración, estamos incorporando el oxígeno y la energía al organismo y, por tanto, es importante darle tiempo a esta etapa. Guardar unos segundos el aire en los pulmones, metafóricamente, alude a los tiempos en que estamos procesando, incorporando lo nuevo en nosotros. Al exhalar, sacamos lo que no nos sirve, lo gastado, lo que nos hace daño; en el vacío, estamos completamente receptivos, cuidando el espacio hueco como un tesoro que después podrá ser llenado de vida nueva. Respirar es una vivencia microcósmica que le recuerda a nuestro inconsciente los pulsos naturales de la vida. Quizás, para recuperarlos, podríamos comenzar por actos tan simples como volver a prestarle atención a nuestra respiración.


[May, Patricia; "Nuevos Pensamientos, Nuevos Mundos "; ps. 35-37]

viernes, 5 de septiembre de 2008

Nubosidad variable


A veces pienso que nuestro estado de ánimo se podría comparar con las nubes. En el recuadro de cielo que demarca la ventana de mi dormitorio, deambulan algunas nubes recién formadas, traídas hasta aquí por la brisa del mar próximo.

Cambian de forma con rapidez, se mueven a velocidad perceptible, no alcanzan a constituirse, desmembrándose en su perímetro, dibujando por momentos figuras de un realismo sorprendente para volver pronto a su natural abstracción. Así nos sentimos de vez en cuando, como si no supiéramos de manera acabada quiénes somos, como si nos moviéramos por la vida en busca de una forma que nunca llega a definirse del todo.

¿Qué hay en las nubes? ¿Por qué excitan nuestra imaginación de este modo? ¿Por qué las contemplamos? ¿Por qué esperamos responder nuestras incógnitas con solo fijar la vista en ellas?

La primera idea que cruza mi mente es su levedad. Quisiéramos ser leves como ellas, flotar, viajar, transformarnos, dar pie a múltiples visiones, ser en un instante, para después dispersarnos sin deberle explicaciones a nadie. Más precisamente, quisiéramos ser bellos y leves. Conocemos una belleza llena de juicios, de terminología doctoral, de pesadas conclusiones. Aspiramos en cambio a una belleza que se revela a sí misma y que aligera la gravedad. Claro, quisiéramos flotar por sobre la pesadez de la existencia.


[Pablo Simonetti]

continúa aquí:
http://www.pablosimonetti.cl/info/2008/07/nubosidad-variable/#more-64