En lo personal el otoño me surge como una ida al psicólogo, me remueve hasta lo más profundo y me hace querer revivir los momentos felices. Y no es que actualmente no tenga motivos para estar feliz, sí que los tengo. Mi añoranza tiene relación con esos momentos felices que eran compartidos de a dos, en pareja.
Podría decir que la metáfora de la hoja que se desprende y cambia su rumbo se asemeja a mi situación actual, donde dos hojas que sonaban al unísono, ahora lo hacen cada una en su compás. Y es ahí donde el desapego me cuesta, aceptar que ya no hay par. Quizás porque aún siento cariño por esa hoja que solía colocar en mi libro preferido, ese que me hacía compañía y me hacía sentir alegría con sólo posar mis oídos en su narrar, hasta incluso en su punto final.
Creo que para este otoño 2012, la colección que se viene es el amarillo-aceptación, café-perdón y el naranjo-propioamor.
Lo demás dejémoselo al señor del tiempo.

