.Durante muchas vidas hemos ignorado nuestro potencial para despertar y hemos seguido en cambio las demandas de nuestro ego. Hay un momento, sin embargo, en que llega a ser claro que nuestros anhelos egoístas nos han conducido sólo al aburrimiento, la ansiedad y la frustración. Entonces, podemos empezar a mirar por satisfacciones más perdurables, y esa búsqueda puede conducirnos al Dharma, las enseñanzas de Buda.
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Porque nos hacemos innumerables expectaciones del Dharma, es fácil perder interés cuando no hay resultados inmediatos. Descubrimos que se necesita esfuerzo para perseverar en el camino de la iluminación, somos persuadidos fácilmente de nuestra búsqueda por amigos, por la familia y por nuestros propios deseos. Es fácil quedar cogido entre nuestros deseos por disfrutar y nuestros intentos por seguir las enseñanzas y fortalecer nuestra práctica. Por esta razón, una vez que encontramos una enseñanza que puede ayudarnos, es importante que nos quedemos con ella, que nos sumerjamos en el Dharma tanto como podamos. Haciendo esto hacemos realidad la verdadera naturaleza de las enseñanzas, y encontramos que el Dharma es un camino de vida en el cual los deseos egoístas no tienen significado ni atracción.
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Seguir el Dharma toma tiempo, paciencia, esfuerzo y disciplina. Hay que desarrollar comprensión y habilidad en la meditación. Comprender que el verdadero poder es la habilidad de controlar nuestra mente y nuestras emociones. Y que eso sólo puede ser alcanzado por medio de nuestros propios esfuerzos.
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Debido a que la real experiencia de iluminación puede venir solamente a través de nuestras propias acciones, debemos hacer que todas nuestras acciones contribuyan a nuestro crecimiento. Aún las actividades ordinarias, tales como trabajar en la cocina o en una fábrica, ofrecen una oportunidad para desarrollar nuestro “darnos cuenta” y nuestra voluntariosidad por servir a otros. Nunca falta una oportunidad para evaluarnos nosotros mismos, enfrentarnos con nosotros mismos, ser honestos y sinceros. Empieza a surgir en nuestros corazones una verdadera devoción, confianza y aceptación. Más tarde, cuando debemos enfrentar situaciones difíciles, no olvidaremos las enseñanzas de nuestra comprensión interna; estas dificultades se volverán nuevas oportunidades para crecer y despertar interiormente.
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Es nuestra motivación, nuestra concentración, nuestra atención cuidadosa, lo que es importante; podemos transmutar cualquier cosa que hagamos, transformando el polvo en oro. Cuando aceptamos todos los aspectos de la vida, encontramos que podemos aprender de cada situación. Viene la fortaleza, el estímulo y la confianza la siguen.
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Cuando la confianza y la devoción son combinadas con una toma de consciencia de la responsabilidad que tenemos para los otros, nos conducen a la verdadera compasión por todos los seres vivientes, y, por lo tanto, a la iluminación. La devoción y la compasión se complementan la una a la otra y sostienen nuestra práctica. Cuando nuestra compasión es lo suficientemente fuerte, ella inspira nuestra devoción; y cuando tenemos ambas, devoción y compasión, hay una amorosa apertura a toda la vida sentiente en equilibrio y armonía.
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Es muy simple. La devoción y la compasión pueden llevarnos muy próximos a la absoluta realidad. La devoción abre el corazón, donde reside nuestra energía esencial, o sea, nuestro estado de alerta, el que se manifiesta como nuestro guía interior. La devoción significa someterse a esta energía más elevada. La sumisión requiere apertura, permitir al Dharma alcanzar nuestros corazones. La compasión proporciona la puerta. Una vez que nos abrimos, todos los conceptos dualistas se disuelven como si fueran nubes. Aceptamos cada parte de nuestra experiencia porque cada cosa es vista como apropiada y armoniosa. Podemos tener todavía que vencer muchos obstáculos, pero aprendemos a aceptar nuestros defectos con gentileza. Una vez que aprendemos a abrirnos a través del Dharma, encontramos que él es nuestro valioso y confiable guía, nuestro siempre presente amigo y compañero. Al abrirnos, reconocemos las enseñanzas de Buda en toda nuestra experiencia.
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Cuando el Dharma entra en nuestras mentes, nuestros corazones y nuestros sentimientos, y fluye a través de nuestro torrente sanguíneo, somos el Dharma viviente. No hay paredes entre nosotros y el Dharma. Esto es la sumisión a nuestra verdadera naturaleza.
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Tarthang Tulku
Traducido y extractado por Farid Azael de
T. Tulku.- Openness Mind.-Dharma Publishings
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Mi Principitadharma Te Amo.

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