
La quietud y movimiento constituyen dos estados naturales de las cosas que nos rodean. Cada uno de ellos presupone condición para la existencia del otro, y ninguno puede existir aisladamente. Sin quietud no habría movimiento. La quietud lleva implícita en sí el movimiento, y el movimiento, la quietud. Dicha ecuación es garantía vital de que se mantenga la coordinación y el equilibrio entre el cielo y la tierra, el sol y la luna, el yin y el yang. La medicina tradicional china destaca que mantener la quietud es vital para la conservación de la salud, a la vez que reconoce que el movimiento es muy importante para ésta. Cada uno de estos estados tiene ventajas y desventajas.
La medicina tradicional china insiste en que el cuerpo humano, como conjunto orgánico, requiere del movimiento y de los ejercicios constantes, los cuales permiten promover la circulación sanguínea del qi (energía), dragar los meridianos, así como regular y reforzar las funciones de los órganos y vísceras, favorecer la inmunidad, prevenir y tratar enfermedades, y evitar el envejecimiento. La medicina moderna ha descubierto también que el movimiento y los ejercicios contribuyen a activar las funciones del corazón y de los pulmones; a acelerar el riego sanguíneo al cerebro, reduciendo la incidencia del infarto cerebral; a avivar la digestión y el metabolismo corporal y a agilizar las articulaciones y robustecer los huesos, tendones y músculos, lo que ayuda a evitar los problemas artríticos y óseos. La experiencia demuestra que muchas enfermedades -artritis, osteoporosis, hipertensión, malestares crónicos intestinales y estomacales- pueden tratarse preventivamente por medio de los ejercicios.
De acuerdo con la teoría del yin y el yang, el movimiento produce el yang, y la quietud, el yin. Generalmente, resulta oportuno buscar la quietud para los que padezcan deficiencia de yin, y el movimiento para los deficientes en el yang; la quietud beneficia el cerebro, y el movimiento fortalece al cuerpo físico. Los científicos han revelado que el deporte o los ejercicios, según la regla de oro respectiva, suelen ser más positivos y efectivos.
La medicina tradicional china insiste en que el cuerpo humano, como conjunto orgánico, requiere del movimiento y de los ejercicios constantes, los cuales permiten promover la circulación sanguínea del qi (energía), dragar los meridianos, así como regular y reforzar las funciones de los órganos y vísceras, favorecer la inmunidad, prevenir y tratar enfermedades, y evitar el envejecimiento. La medicina moderna ha descubierto también que el movimiento y los ejercicios contribuyen a activar las funciones del corazón y de los pulmones; a acelerar el riego sanguíneo al cerebro, reduciendo la incidencia del infarto cerebral; a avivar la digestión y el metabolismo corporal y a agilizar las articulaciones y robustecer los huesos, tendones y músculos, lo que ayuda a evitar los problemas artríticos y óseos. La experiencia demuestra que muchas enfermedades -artritis, osteoporosis, hipertensión, malestares crónicos intestinales y estomacales- pueden tratarse preventivamente por medio de los ejercicios.
De acuerdo con la teoría del yin y el yang, el movimiento produce el yang, y la quietud, el yin. Generalmente, resulta oportuno buscar la quietud para los que padezcan deficiencia de yin, y el movimiento para los deficientes en el yang; la quietud beneficia el cerebro, y el movimiento fortalece al cuerpo físico. Los científicos han revelado que el deporte o los ejercicios, según la regla de oro respectiva, suelen ser más positivos y efectivos.

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